Prevenir sale más barato que curar. Suena a tópico, pero con un alquiler es literal: un buen estudio previo evita la pelea del impago, y la pelea del impago se mide en meses sin cobrar y abogados. Lo que viene es lo que conviene revisar antes de dar el sí.
La identidad: empezar por lo básico
Parece obvio y a veces se salta. Confirma con quién estás tratando: DNI si es español, NIE si es extranjero residente, pasaporte cuando no haya NIE. Que el documento sea legible, esté en vigor y que el nombre coincida con todo lo demás —la nómina, la cuenta, lo que te cuenta.
No es desconfianza. Es la base sobre la que se monta el resto.
Los ingresos: cuánto entra y, sobre todo, cómo de seguro
Aquí está el corazón del asunto. No basta con un número alto un mes suelto; importa que ese dinero vaya a seguir entrando mientras dure el contrato. Un sueldo fijo pesa distinto que una factura puntual, y un contrato indefinido tranquiliza más que uno que vence en marzo.
Por eso miramos dos cosas en paralelo: la cifra y la estabilidad detrás de la cifra.
La antigüedad laboral, en tres tramos
Un inquilino que lleva ocho años en la misma empresa transmite una seguridad que no da quien acaba de empezar. No es prejuicio; es estadística de la vida. Por eso la antigüedad laboral se valora en tres tramos:
- Menos de 1 año. Recién incorporado o en periodo de prueba. Se estudia con más detalle.
- De 1 a 5 años. Una trayectoria razonable, lo más habitual.
- Más de 5 años. Estabilidad demostrada; el perfil más cómodo.
Cuanta más antigüedad, mejor sale el estudio. Y, como verás al final, eso también abarata la garantía.
El esfuerzo: que la renta no le ahogue
Hay una regla sencilla que vale oro: lo cómodo es que la renta no se coma más de un tercio de los ingresos mensuales. Alguien que gana 2.400 € y paga 800 € de alquiler está holgado. Alguien que gana 1.000 € y firma por 700 € va con el agua al cuello desde el día uno, y al primer imprevisto deja de pagar.
El esfuerzo mide eso: el margen real que le queda. Cuanto más margen, menos probabilidad de impago. Es de las cosas que más miramos. Ese tercio es la referencia cómoda, pero hay recorrido: en ciertos casos se admite un esfuerzo de hasta el 40%, y hasta el 50% siempre que se aporte un avalista solvente. Si el inquilino te encaja pero la renta le pesa un poco, el avalista suele ser lo que inclina la balanza.
El avalista: el respaldo cuando los números van justos
Si los ingresos del inquilino no terminan de cuadrar, un avalista solvente cambia la foto. Es alguien que responde con su propio patrimonio si el inquilino falla, y refuerza el estudio de forma notable.
Hay un punto donde deja de ser opcional. Cuando los ingresos quedan por debajo de 1.200 € con un solo inquilino, o de 1.500 € entre varios, el avalista pasa a ser obligatorio. No es un capricho: es la línea a partir de la cual los números, por sí solos, no sostienen el alquiler.
Qué documentación pedir, según el perfil
No todos los inquilinos demuestran su solvencia igual. Esto es lo que conviene reunir en cada caso, y es la misma lista que usamos para el estudio:
- Asalariado: la última nómina.
- Autónomo: último IVA o IRPF presentado, más la última cuota de autónomos.
- Pensionista o desempleado: el certificado de la administración correspondiente.
- Con ayudas: el certificado y el último justificante de cobro.
- Empresa que alquila: último IVA o Impuesto de Sociedades, y el DNI del administrador.
- Otros ingresos: saldos en cuenta, nóminas o ingresos del extranjero, rentas de otros alquileres, ahorros o fondos.
Tienes el detalle completo, perfil a perfil, en la página de documentación. Pedir lo correcto desde el principio ahorra idas y vueltas.
El fichero de morosos: una señal que conviene leer bien
Que alguien aparezca en un fichero de impagados —el S-CAIM del sector, o ficheros generales tipo Asnef/Equifax— es un dato a tener en cuenta. No siempre significa lo que parece: a veces es una deuda discutida o un asunto antiguo ya resuelto. Pero pintar, pinta.
En la práctica tiene consecuencias concretas. Si el inquilino figura en Asnef o Equifax, el estudio exige avalista y la operación no puede contratar las prestaciones Plus ni Cobro Puntual. Es la forma de aprobar el caso sin asumir un riesgo que no toca.
Perfiles "difíciles" que en realidad no lo son tanto
Un extranjero recién llegado, un autónomo con ingresos irregulares, un pensionista. La reacción instintiva de muchos propietarios es descartar, y se pierden buenos inquilinos por miedo. Error.
Ninguno de esos perfiles es un no automático. Se estudian por su capacidad real de pago, no por la etiqueta. Un extranjero con contrato estable y ahorros, un autónomo con facturación demostrable, alguien en paro con un buen colchón o un avalista detrás: todos pueden salir adelante. La clave es mirar los números, no las apariencias.
Y si, aun haciéndolo bien, alguien falla
Aquí está lo honesto del asunto: ningún estudio acierta el cien por cien de las veces. Las personas cambian de trabajo, se separan, enferman. Un buen filtro reduce muchísimo el riesgo, pero no lo borra del todo.
Por eso lo combinamos con una garantía. Nosotros hacemos el estudio de solvencia gratis y te damos respuesta en menos de 24 horas: te decimos si el inquilino encaja y en qué condiciones. Y si, pese a todo, deja de pagar, la garantía cubre la renta mientras dure el problema y nos ocupamos de la defensa jurídica. El estudio previene; la garantía protege. Juntos te quitan el miedo a entregar las llaves.
En corto
Mira la identidad, los ingresos y su estabilidad, la antigüedad en el trabajo y el esfuerzo que le supone la renta. Pide la documentación que toca a cada perfil, revisa los morosos y no descartes a nadie por la etiqueta. Hazlo antes de firmar, y duermes mejor. El precio de la garantía, por cierto, arranca en el 3% de la renta anual, y cuanto mejor es el inquilino, más cerca de ese 3% se queda.
Dos páginas para seguir por donde toque: si lo que quieres es saber cómo se decide, con los umbrales concretos, está en qué mira el estudio de solvencia; si lo que necesitas es a quién presentar, la guía para elegir inquilino trae el método de los cinco a ocho candidatos.